El salvataje heroico del bombero “calamina” que nadie vio

15Jun 2017

Por: Ricardo Rabanal Bustos (2ª Cía)

“Cuando el valor y arrojo bomberil se unen al mal cálculo para pasar por el marco de una puerta”

El incendio arrasaba con un antiguo pasaje y locales en pleno centro de la ciudad ubicados en la calle Maipú. A esa hora ya el fuego era visible desde varios lugares de la tranquila Antofagasta y esa tarde noche del martes 30 de abril de 1985 la columna de humo negro con miles de brillantes ojos incandescentes que revoloteaban por el cielo, anunciaban a la ciudad que el Dios del fuego se había anidado una vez más en el centro de la perla del norte.

Los bomberos llegaban corriendo desde todos los puntos de la ciudad. Las informaciones que se daban por las radios locales y el rumor que se esparcía por Antofagasta eran que se estaba quemando la histórica tienda “El Gato Negro” y todos los hombres del fuego supusieron un incendio de enormes dimensiones que consumiría toda la esquina y las casa aledañas. En la memoria bomberil Antofagastina estaba el incendio del Hotel Splendit y la Liga Protectora de Estudiantes de los años 1981 y 1983 respectivamente y que causaron una hecatombe de fuego y destrucción en el antiguo casco central que nadie había olvidado tan fácilmente en ese tiempo.

Pero para varios bomberos y curiosos, fue sorpresa ver que al llegar al sitio del incendio, esta dantesca hoguera rodeaba y abrazaba por los dos costados traseros a la mítica y querida tienda de géneros, cortinas, sabanas, lanas y menaje de casa y cuyas paredes de madera humeaban peligrosamente producto de la alta temperatura a que estaban siendo sometidas y su techo resistía una lluvia incandescente de llamas y carboncillo prendido que caían sobres sus gastadas calaminas.

Como nuestro intrépido personaje trabajaba en una tienda y galería comercial cercana como administrativo, fue uno de los primeros en llegar. El bombero Calamina, por esos años un joven deportista que hizo de la práctica del futbol en las distintas canchas de tierra de la ciudad un arte casi tan perfecto como su habilidad con “las hachas y las escalas siempre cumpliendo su deber”, ya era considerado como un experimentado bombero de salvataje. No podía ser de otra manera, su padre era un avezado bombero Primerano e integrante de varios equipos Campeones en las reñidas competencias bomberiles de escalas de la década de los años “50, “60 y “70 con sus compañeros bomberos y portuarios que marco toda una generación de triunfos en la Bomba Antofagasta. Con los años ese viejo tercio Primerano en un acto heroico se convertiría en el sexto mártir de la institución a sus 70 años de edad.

Las llamas sobrepasaba los techos de la tienda, el pasaje por calle Maipú está completamente en llamas y las casas de maderas se han rendido al fuego y el humo tóxico envuelve toda la cuadra. De pronto el bombero calamina se saca su casco para refrescarse con algo de agua y acomodar su ondulado pelo que le valió su apodo bomberil, cuando siente entre el crujido de techos y vigas, entre las sirenas de los carros que se acercan al lugar, entre el griterío de la gente que alguien le dice que hay una persona atrapada en el fondo del pasaje y no la han podido sacar. Rápidamente sus músculos se alerta, sus sentidos se agudizan, busca algún compañero que lo ayude, pero está solo, rápidamente se coloca el casco nuevamente y como saeta veloz entra en esta pequeña calle interior de llamas y calor incandescente del incendio… Efectivamente la persona está allí tendida en el piso, como puede y apurado por el fuego que destruía y derrumbaba las estructuras de madera, se acomoda a la persona herida en sus hombros y rápidamente corre y corre hacia la salida… se ha formado un túnel de fuego y los derribes de trozos de maderas encendidos obstaculizan su camino, el humo no lo deja ver e irrita sus ojos, solo su toalla blanca y mojada lo protege, al fondo de este camino de fuego se ve la salida, una pequeña puerta abierta que se balancea en un marco metálico que a cada minuto se hace más y más pequeño. El bombero Calamina Imprime más y más y más velocidad y fuerza a su carrera salvadora y raudamente pasa por el marco de la puerta, pero con tan mala suerte y mal cálculo que le manda un bestial cabezazo a la víctima en la estructura metálica y esta despierta de su somnolencia y le reclama ferozmente en mal castellano y buen chileno el dolor que le ha causado en su cabeza. Pero eso no es todo, su mala suerte continua, cuando este “Paladín del Deber” esperaba las felicitaciones de sus compañeros y la fama de los flashes de las cámaras fotográficas esperándolo al final de este túnel de fuego. De pronto se estaciona una ambulancia frente a él y le arrancan a la víctima desde sus hombros, la suben al vehículo médico y se la llevan al hospital, ¡esto pasó en dos segundos¡ Nadie lo vio, nadie lo vio!… ningún compañero fue testigo de su acción heroica, ¡quien le va a creer, quien contará su historia de héroe?.. Algunos lo vimos minutos después sentados en la pisadera del carro Telescópico Pirsch de la Segunda Compañía de Bomberos, compañía a la que pertenece este ilustre bombero Antofagastino, diciendo “Exijo una explicación, Exijo una explicación”… esa explicación nunca llegó.

Al pasar los minutos los bomberos de Antofagasta seguimos combatiendo el fuego con todas nuestras unidades motorizadas, con la colocación de escalas correderas y con la llegada del Carro Telescópico Pirschs 51 se logró bajar la temperatura y mojar los techos de la tienda y la magnitud de las llamas. El Gato negro demostró con creces que un Gato Antofagastino si tiene siete vidas y se salvó intacto de tamaña calamidad. Terminado el incendio Don Antonio Sánchez dueño de la histórica tienda en agradecimiento a los bomberos presentes le regalo bebidas y sándwich a todos y días después hizo una donación monetaria al Cuerpo de Bomberos de Antofagasta, contarán sus herederos, todos ellos grandes Antofagastino que al momento del incendio la tienda no estaba con sus seguros al día por un descuido del vendedor de seguros que no había cursado el pago ya hecho de estos documentos y un día en la tarde en la bodegas de la tienda en el segundo piso Don Antonio puso las cosas en orden y “ajustó” cuentas con tan irresponsable corredor de seguros.

A los días después del incendio, estábamos un jueves ya muy tarde, casi de madrugada, en nuestras habituales Academias Bomberiles de capacitación “técnica” de la Segunda Compañía, cuando de pronto tocan el timbre de nuestro cuartel, era una persona en silla de ruedas, con un prominente y vistoso parche blanco de gasa médica en su cabeza, buscaba al bombero Calamina. Todos los presentes, entre ellos el bombero Gringo, dijimos al unísono “viene por la venganza”, “viene a presentarle la demanda por daños y perjuicios”… pero nos equivocamos, era la víctima rescatada del fuego en silla de ruedas y venía a agradecer la valiente acción de nuestro compañero que le permitía estar con vida y poder disfrutar de su familia. Todos juntos celebramos esta acción que en este simple acto de reconocimiento y gratitud paso a ser parte de las historias y leyendas bomberiles del casino de una Compañía de Bomberos de Antofagasta.

Fotos Román Hernández (archivo)

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