Cayetano Marletti, primer mártir

17Abr 2017

Por: Ricardo Rabanal Bustos

Por el año 1888, la Segunda Compañía de Bomberos de Antofagasta Salvadores y Guardias  de Propiedad, recién comenzaba a dar sus primeros pasos en la vida institucional de toda nueva entidad bomberil. Los problemas propios de la fundación y primera organización, lentamente comenzaban a quedar atrás haciendo sentir a todos los voluntarios fundadores cierta tranquilidad y orgullo de que su novel  compañía al pasar de unos pocos años ya había logrado destacada participación en algunos grandes incendios de esta primera época de los bomberos de Antofagasta.

El 22 de diciembre de 1888, octavo año de la fundación de la Segunda Compañía, se festejó como los antiguos voluntarios habían instaurado, asistieron los oficiales generales del cuerpo de bomberos, encabezados por el señor Superintendente don Matías Rojas Delgado, quien a la época era también alcalde de Antofagasta, más todas las autoridades del pujante puerto salitrero. También lo hicieron el director y capitán de la Primera Compañía “Bomba Antofagasta” y la Primera Tercera Compañía “Bomba Angamos” ubicada en el sector sur de la ciudad (Playa Blanca), la  oficialidad fundadora de la primera Cuarta Compañía “Bomba Prat” y algunos connotados vecinos de la localidad, muchos de ellos de ascendencia italiana.

En una emotiva ceremonia, se realizó un breve balance de las actividades de la Segunda Compañía durante el año, se reconoció la labor de los voluntarios fundadores, para después escuchar las palabras de algunas autoridades que eran coronadas con  el discurso del Superintendente y Alcalde de la ciudad, terminada la primera parte de la ceremonia se dio paso a la celebración de los ocho años de la compañía, esa tarde y  noche reinó la alegría y diversión entre todos los bomberos de la segunda que veían la materialización de un sueño que rápidamente cobró adeptos entre la juventud del esforzado puerto de Antofagasta.

La fiesta de navidad y año nuevo pronto dieron paso al verano de 1889 que llegó con los calores habituales de esta época del año en la ciudad. En la bahía de San Jorge los vapores se mecían pacientemente a espera de ser cargados por  el preciado oro blanco que era deseado con ansias en los campos norteamericanos  y europeos.

A fines de ese verano, el 12 de febrero de 1888 se cumplía también un año desde el ingreso  a la Segunda Compañía de Bomberos Salvadores  y Guardias de Propiedad de  Cayetano Marletti Galeano. Compañía donde servían muchos jóvenes de origen italiano e invitado por el joven voluntario Luis Frugone el ciudadano italiano Cayetano Marletti Galeano, nacido en 1848, quien rápidamente se había ganado el respeto y simpatía de sus compañeros de bomba, Marletti para algunos cronistas de oficio mecánico herrero dueño de un pequeño taller y para otros dueño de una tienda de abarrotes e insumos mineros, pronto se fue interiorizando del quehacer bomberil en el norte y las funciones que cumplía su compañía en los incendios por lo que el diseño y adquisición de un carro porta-escala de arrastre para la compañía fue su primera propuesta que comunicó con entusiasmo a sus superiores. Esta idea fue acogida inmediatamente por toda la compañía, la que se dio a la tarea de diseñar y construir un funcional carro de arrastre donde escalas, vientos, hachas, ganchos, baldes, mangueras y bicheros se acomodan fácilmente, ahorrando tiempo en el sacado del material para su pronta utilización en los incendios donde en todo tiempo la rapidez es siempre lo esencial. Este carro bajo el diseño de Marletti vio la luz en la histórica maestranza Orchard, según relatos posteriores el propio Marletti habría fabricado algunas piezas y equipos del carro e incluso habría sido él quien le colocó las llantas de fierro para proteger las ruedas de las afiladas piedras y desniveles de las calles del puerto de Antofagasta.

Tal vez la arteria en la ciudad con más movimiento de carga y flujo de pasajeros era la calle Colón, hoy Avenida Balmaceda ya que recibía todo la carga que venía por la calle Sucre y Bolívar en dirección al muelle salitrero de la Compañía Melbourne Clark. Es por ese sector donde se declaró un dantesco incendio que pronto alertó a los bomberos antofagastinos, los voluntarios de la segunda corrieron rápidamente al cuartel para ser los primeros en sacar su carro porta-escalas. Uno de los que con  más fuerza y empeño arrastraba la pesada estructura de hierro fundido era Cayetano Marletti Galiano, al bajar en dirección al lugar de las llamas, por unos breves segundos entre el humo de las llamas que era arrastrado por el viento costero, la nube de tierra levantada por los caballos y personas que corrían al incendio a gran velocidad, el tiempo parece detenerse por un momento, es el pesado carro con todo su peso que pasa sobre el cuerpo de Marletti, él ha caído mientras empujaba el carro, si, el mismo carro que él ayudara a diseñar y construir en la fundición Orchard, el mismo porta-escalas que les facilita el trabajo a sus compañeros en los incendios, el mismo carro bomba que tantos sacrificios y desvelos le había traído para reunir los fondos necesarios para su construcción. Muchos años más tarde el referido carro fue vendido al Cuerpo de Bomberos de Tocopilla.

Hoy el destino se ensaña con Marletti. ¡Que dura prueba a sometía Dios a este Itálico caballero del fuego¡. Lo terrible estaba ocurriendo. Marletti está herido de muerte y pronto la noticia recorría la pequeña ciudad, mucho antes que los suaves vientos costeros despejara los vapores de tantos maderos calcinados. Ese día fue un 2, pero de amargura, el mes era Octubre de 1889. Se había registrado el primer accidente mortal de un bombero antofagastino en el cumplimiento de su deber tal como había ocurrido algunos años antes en Santiago en  1870 con el voluntario Germán Tenderini y Vacca primer mártir del cuerpo de Bomberos de Santiago y de Chile.

Igual los bomberos de la primera, segunda, tercera y cuarta compañía apagaron el incendio, pero la satisfacción del deber cumplido jamás llegó, sólo los sentimientos de tristeza y angustia al saber que uno de los suyos comenzaba una lenta agonía y ellos poco o nada podían hacer. Al recoger el último bichero  de madera y guardar las nobles escalas de maderas, las plegarias silentes de los hombres del fuego pidieron al creador por la salud de uno de los suyos.

Días después del accidente la casa de Marletti era visitada a diario por sus camaradas de bomba y distintas personas que entregaban saludos y palabras de aliento y esperanza a la familia como al mismo accidentado. Marletti en su agonía muchas veces intercambiaba algunos breves diálogos con sus visitantes, pero lentamente la llama de la vida se le extinguía en ese noble corazón italiano.

Pronto llegó el 22 de diciembre de 1889, este aniversario contrastaba con el del año anterior, la alegría de tiempos pasados había sido reemplazada por la admiración a un hombre que en medio de grandes dolores físicos se convertía en un ejemplo inmortal de valor bomberil para la gente del norte y sus nuevas generaciones de bomberos. Ahora todos querían unirse a las filas bomberiles,  la juventud del puerto, hombres modestos y poderosos, pescadores y mineros encaminaban sus pasos y espíritus a las puertas del cuartel que albergaba a la primera, segunda y cuarta Compañías de Bomberos y a la noble causa que estas representaban.

Cuando el verano de 1890 se había retirado y los vientos del otoño levantaban la tierra de las calles en remolinos de rápido nacimiento y súbita muerte que limpiaban el polvo de veredas de madera gastadas de tanto ir y venir de la vida minera, a eso de las  7:00 de la mañana un día 17 de Abril de 1890, a la edad de tan solo 42 años Cayetano Marletti Galiano fue vencido por la muerte, siempre fiel compañera del bombero.

Antofagasta entera despedía los restos del mártir, gratitud, congoja y admiración fueron los sentimientos que éste hombre despertó entre tantos que ese día lo acompañaban a su última lista. Los hombres duros del desierto, los mineros de caracoles y los guapos del salitre, los cargadores del oro blanco y todas las mujeres del norte entendieron el diáfano ejemplo de valor de tan ilustre bombero que solo de gloria y laureles estas áridas tierras estampó.  Solo flores de la lata y papel acompañaron su camino y cubrieron su humilde féretro, como modesto y austero testimonio propio de estas tierras, pues el sol del norte resecó hasta las lágrimas de sus compañeros  haciendo silenciosa y árida la pena por el amigo ido en tan trágicas circunstancias, como ironía del destino fue el mismo carro que él diseñó, construyó y el que le quitó la vida,  el que hoy llevaba su cuerpo a su última morada.

Hoy los restos de Marletti descansan en la bóveda del más antiguo mausoleo del Cuerpo de Bomberos de Antofagasta y su retrato preside el salón de honor de la Segunda Compañía y otro el salón principal del Directorio General de los bomberos Antofagastinos, junto a los demás mártires de la institución, Valdés, Varas, Soljan, Oyarzun y Olivera.

Para cada bombero que ingresa a la Segunda Compañía el ejemplo de Marletti debe estar  presente en todos sus voluntarios y voluntarias como el bombero lleno de entusiasmo, trabajo y sueños que pese al poco tiempo que permaneció en las filas de nuestra institución su vida fue fructífera en obras y ejemplo para la institución. Un ejemplo a la hora de enfrentar la muerte, sin rencores ni reproches, solo con la Fe puesta en Dios y sus misteriosos caminos. Un ejemplo como poderoso gladiador de la paz o valeroso legionario romano que encuentra en su sangre y en la historia de sus ancestros italianos la fuerza y el poder para resistir los más duros embates del dolor.

Marletti es en esencia la vocación del bombero voluntario, tanto en la vida como a la hora de su muerte, su recuerdo de hombre y bombero nortino nos lleva a todos los segundanos de Corazón  a decir siempre…

Cayetano Marletti Galeano

¡Firme!

 

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